El estudio ASOMAD (Universidad Politécnica de Madrid) evaluó a 384 niños y niñas de 8 a 12 años y encontró un patrón claro: poca actividad física, demasiadas pantallas y niveles alarmantes de tristeza y soledad.
Los datos clave:
- Solo 1 de cada 3 niños cumple la recomendación de la OMS de 60 min diarios de actividad física moderada‑vigorosa.
- Los fines de semana, casi 7 de cada 10 superan las 2 horas de pantallas.
- El dato más preocupante: el 49 % se siente triste a menudo y el 36 % se siente solo.
Aunque ASOMAD es un estudio descriptivo y no demuestra causalidad directa, sí muestra un “cóctel de riesgo”: poca actividad, mucho sedentarismo y malestar emocional.
¿Dónde encaja el deporte?
La evidencia científica —incluida la citada en el informe— es firme: más actividad física, en especial al aire libre y en entornos sociales, se asocia con mejor estado de ánimo, menos ansiedad, mayor autoestima y mejor calidad de vida.
El deporte:
- Sustituye pantallas por movimiento, el bloque más importante para romper el círculo sedentarismo–tristeza.
- Crea vínculos, algo esencial cuando un 36 % de los niños declara sentirse solo.
- Reduce el estrés cuando se practica en espacios naturales.
- Aporta estructura emocional: rutinas, grupo, acompañamiento adulto y percepción de competencia.
Qué podemos hacer desde familias, centros y clubes:
- Garantizar al menos 60 min diarios de movimiento real (juego activo, desplazamiento activo, deporte).
- Limitar pantallas, sobre todo en fin de semana, sustituyéndolas por actividades físicas ya planificadas.
- Priorizar deportes cooperativos que generen pertenencia.
- Incluir salidas a parques, naturaleza y espacios abiertos.
- Favorecer rutinas familiares activas: caminar, bici, juegos al aire libre.
Conclusión
ASOMAD deja un mensaje contundente: el bienestar emocional infantil en Madrid necesita movimiento. El deporte no es solo ejercicio; es una herramienta para reducir tristeza, mejorar autoestima y reconstruir vínculos sociales.
Si colegios, familias y clubes trabajan juntos, es razonable esperar que futuras generaciones de niños vivan con más salud física, más alegría y menos soledad.
Referencias:

